Algunas veces tienes la sensación de que lo que ha pasado se ha puesto de acuerdo con lo que está aconteciendo y que lo que termina de ocurrir conoce a lo que sucederá dentro de un rato. Cómo si tuvieran un cierto empeño en facilitarte su relación para que les des cobijo bajo un mismo título mientras maduras alguna idea, si se te ocurre, claro está. Quizás sirva la metáfora de la conjunción planetaria para describir esa alineación de sucedidos y que, como ocurre con el fenómeno astronómico, tan solo sea un efecto de perspectiva, ya que los hechos siguen tranquilamente con sus cosas en sus respectivas órbitas, sin afectarse. O puede que se trate de una sucesión concatenada y que sean una consecuencia casi directa los unos de los otros, pero no inmediata.
Sea como fuere, hace menos de un mes un buen amigo, presidente honorario de Slow Food de Bilbao-Bizkaia, me manda una foto enfundado en pieles, hundido hasta la rodilla en la nieve e iluminado por la aurora boreal desde la Svalbard Global Seed Vault en la isla de Spitsbergen del archipiélago noruego de Svalbard. Allí estaba sonriente y satisfecho, a pesar del frío polar, antes de hacer entrega, tras superar miles de controles y reunir todos los requisitos, de algunas semillas de variedades antiguas de Euskal Herria.
Unos días después, el jurado del Premio Princesa de Asturias, reunido en Oviedo el 20 de mayo, acuerda por unanimidad conceder el premio del año 2026 en la modalidad de Cooperación Internacional a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard. Un reconocimiento al esfuerzo colectivo para salvaguardar la biodiversidad de las especies de cultivos destinados a la alimentación de las catástrofes naturales y los desastres provocados por el ser humano, por lo que también es conocida popularmente como la cúpula del fin del mundo. Una prueba del éxito de su misión fue la recuperación de la colección milenaria de semillas de cultivos ancestrales de Oriente Medio tras la destrucción de Alepo.
Al día siguiente, fallece en su natal Bra Carlo Petrini que fundó en 1986 el movimiento Slow Food, cuyo emblema es un lento caracol, para redescubrir la gastronomía italiana cuando el fast food se difundía a pasos agigantados, estandarizando la alimentación con productos del mismo sabor, aspecto y tamaño. Un movimiento que hoy alcanza a 170 países y que promueve la conservación de razas autóctonas y variedades vegetales locales desde la economía y la gastronomía, bajo el lema «para salvarlo, hay que comerlo».
El 22 de mayo, se celebra el Día Mundial de la Biodiversidad y ese día se presentaba en el Congreso de los Diputados la Lista Roja Nacional de Especies Amenazadas. En España se han identificado unas 85.000 especies, el 54% de las que habitan en Europa y aproximadamente el 5% de las especies conocidas en el mundo. De las 1580 especies evaluadas, 471 están clasificadas como amenazadas, sin contar que entre las especies domésticas que no están en esa lista, más del 80% de las razas ganaderas, donde realmente está la variabilidad genética, está en peligro de extinción.
Pilar Gil Adrados
Académica por Toledo