Azafrán, el mejor del mundo se produce en la Mancha

En la meseta manchega, cuando el otoño empieza a enfriar los campos y la luz se vuelve más suave, ocurre algo extraordinario.

Durante apenas unas semanas al año, la tierra se cubre de pequeñas flores violetas que anuncian una de las cosechas más delicadas del mundo: Es la flor del azafrán.

Un pequeño tesoro escondido entre pétalos que es capaz de dar lugar a una de las especias más valiosas de la gastronomía universal.

Pero en las llanuras de La Mancha el azafrán no es solo un producto agrícola. Es cultura, es tradición y es memoria viva de un territorio que se resiste a desaparecer y nos conecta con su pasado.

Aunque su cultivo se ha ido apagando poco a poco, Villafranca y San Ana nos recuerdan cada año la tradición y el valor del azafrán, y el gran trabajo que hicieron sus familias en pasado. Y sobre todo nos permiten entender mejor el tesoro que se sigue produciendo.

Un esfuerzo concentrado y un espíritu que es el propio de esta especia: porque los detalles minúsculos pueden marcar la diferencia… y contar grandes historias.