En un lugar de La Mancha… se cultiva el mejor ajo del Mundo.
El único en Europa, que tiene una Calidad diferenciada.
La meseta manchega reúne las características ideales para que se produzca uno de los productos más icónicos de la gastronomía Castellano-Manchega y española: el ajo morado de las Pedroñeras.
Y es aquí, entre tierras secas y cielos inmensos, donde el ajo no es solo un cultivo.
Vamos a conocer a una de estas familias, para que nos acerquen lo que es más que una herencia, una seña de identidad, el latido de generaciones enteras que han trabajado la tierra con paciencia, ingenio y orgullo.
Es el momento de sumergirnos entre tortas y manojos.
Cuando el ajo abandona el campo, comienza otro viaje: silencioso, preciso, meticuloso. En las fábricas de Pedroñeras, cada cabeza es recibida como una pequeña joya que debe ser tratada con cuidado.
Primero se limpia la tierra que aún guarda entre sus raíces, se eliminan las hojas secas y las capas externas. Luego, pasa a la clasificación: máquinas que pesan, miden y separan los bulbos por calibre, mientras ojos expertos supervisan cada lote.
Los mejores ejemplares se destinan al mercado en fresco, tal como salen de la tierra. Entre cintas, ventiladores y luz blanca, el aroma del ajo impregna cada rincón. Un aroma que cuenta, a su manera, la misma historia que el campo: la historia de un pueblo que ha aprendido a unir tradición y tecnología, manos y máquinas, para llevar su sabor más allá del horizonte.
En este momento, nos tomamos un tiempo para identificar correctamente a un verdadero Ajo Morado de las Pedroñeras.
Ya sabemos identificar correctamente un ajo morado de las Pedroñeras. Dicen, que un solo diente basta para transformar un plato, para llenar de carácter una cocina, y os lo vamos a demostrar en nuestra visita a La Hospedería, uno de los restaurante referentes en la zona: en el Provencio.
Una vez que hemos llenado el estómago, queremos incluir de postre algo de cultura. No podría haber un lugar más icónico para ser la Capital Mundial del ajo que Pedroñeras, donde por supuesto, encontramos el Museo dedicado a este alimento.
Pedroñeras creció al ritmo de sus cosechas. Calles blancas, casas bajas, plazas donde se hablaba de lluvias y precios, de heladas y esperanzas, y también se ubica este museo.
Una preciosa selección que nos muestra las herramientas, ropas, maquinaria y aperos que se llevan usando desde el siglo XIX. Te permitirá conocer mejora la historia de nuestro producto, pero también de la comarca. Para mí, una de las mejores colecciones etnográficas que me he encontrado en mucho tiempo.